lunes, 21 de noviembre de 2011


 cap 2 


ShingDong estaba acostado en el suelo. Abrió los ojos cuando unas gotas de agua cayeron en su rostro. Eran refrescantes, pero cuando se levanto para ver de dónde provenía el agua, no vio nada. Escucho unos pasos que se alejaban de allí, así que se levanto y corrió. Cualquier que lo viera y lo tomara por un ser humano, no se imaginaria lo ágil que era a pesar de ser bastante robusto. 

Corrió por una serie de túneles que llevaban hacia la salida de la que hacía ya varios años era su guarida. Era un lugar oscuro y olía a mar, como tanto le gustaba Odiaba a los buscapleitos, y más que lo siguieran hasta allí. Pudo distinguir delante de el las líneas de color que indicaban la presencia de alguien igual se sobrenatural que el. Y eso le irrito aun más.

Al ver que las líneas se dividían y eso indicaba que había más de un intruso, dio un fuerte zapatazo en el suelo y este tembló por el resto del lugar. Se quedo en silencio y escucho.

- Cagnazzo! – le gritaron a lo lejos - ¿eres tú?

- No, me llamo Shingdong – contesto muy serio


- Vamos hombre – le dijo la voz en un tono de confianza – muéstrate, por favor. 

ShingDong dudo por unos minutos, en los que todos se quedaron en silencio. Trataba de ubicar a los individuos que se habían atrevido a molestarlo en su sueño. Pero solo localizaba al que le había hablado, el otro se mantenía oculto y no hacia ni un sonido, ni respiraba… pero un pequeño movimiento delato su posición y su olor fue directo a la nariz de ShingDong que desapareció y en la oscura y húmeda piedra.

En una fracción de segundo apareció junto al segundo individuo, y cuando estaba a punto de atacarle con sus garras, le dio vuelta y se quedo sorprendido.

- Farfarello? – le dijo con evidente sorpresa y curiosidad - ¿tu… entonces… - se volteo para ubicar al otro

- Eres un viejo perro desconfiado – le dijo la otra voz – llevamos años tratando de encontrarte y cuando lo hacemos estas invisible, por eso echamos el agua.

- Ya no uso ese nombre, en estos días puedes llamarme KiBum

- Bien bien – le dijo estrechándolo en sus fuertes brazos – llámame ShingDong…

- Draghignazzo… todavía tienes ese acento tan extraño!

Los dos más jóvenes rieron cuando el otro apareció junto a ellos, y es que cuando habían escapado, el había adoptado a la raza china como suya, tratando de volverse como ellos a fin de pasar desapercibido.

- Quien te viera, tan… grande… y aun así te puedes esconder muy bien – le dijo el recién llegado – y por seguridad, ya sabes cómo llamarme

- Si, Hangeng...

- No has visto a nadie de los demás? En todos estos años?

- No, para nada – le contesto ShingDong - ¿en qué momento se encontraron ustedes dos?

- Hace como 20 años… - contesto KiBum

- ¿Pues sabes lo que está pasando en estos días? – pregunto Hangeng

- Aunque quisiera no saberlo, he estado tratando de ubicar a DongHae, pero el chico es escurridizo, elude no solo a los que lo siguen, sino también a nosotros

- Perdió a HyukJae hace mucho tiempo y todavía lo sigue buscando… es necio! – dijo Kibum

- Oye, creo que tu serias igual si estuvieras en su posición… pero bien, que bueno que están aquí… - les dijo ShingDong – tengo hambre y quiero salir a cazar algo, llevo como 15 días dormido y me muero de hambre.

Los tres amigos salieron de la cueva, y la fresca brisa del mar los recibió. Los tres cerraron los ojos, gozando ese momento. Como les gustaba estar así…

ShingDong levanto la mano en un saludo y los dos chicos a su lado se miraron intrigados.

- ¿a quién saludas? – pregunto Hannie

- A la nereida… mírala, allá esta – le señalo el punto donde solo de veía una mano saliendo del agua – se llama Marina.

- ¿tienes muchos amigos en las profundidades? – pregunto KiBum, mirando aun hacia la mano que seguía saludando

- No muchos, pero ella siempre me espera… si la sigues saludando, ahí se quedara hasta que te detengas, una vez nos saludamos hasta que anocheció.

Cuando KiBum bajo la mano, la sirena bajo la suya y se interno en el mar. Los amigos desaparecieron y fueron a la cuidad más cercana. Estaba atardeciendo, y las luces empezaban a prenderse. Nadie les prestaba mucha atención, pues en ese lugar toda la gente era extravagante, y no importaba mucho que HanGeng respirara brasas cada vez que reía alto o con fuerza ante las estupideces de ShingDong, ni que Kibum soplara para levantar los vestidos de las mujeres que pasaban cerca de ellos.

- ¿cómo se llama este lugar? – pregunto Bummie

- Los ángeles – le respondió ShingDong con una sonrisa burlona

Hannie y KiBum casi se retorcieron de dolor al escuchar el nombre del lugar. Pero pronto dejaron a un lado sus payasadas cuando encontraron la cena.

Kangin se levanto frotándose los ojos. Había caído en ese sueño hacía varios meses. Pero las últimas noches había soñado con DongHae, que corría de un lado a otro, buscando a ese personaje… y se estaba acercando peligrosamente a su objetivo. Tenía que salir del agujero donde estaba enterrado, así que escarbo en la tierra, y pocos segundos después pudo salir, todo cubierto de tierra y lodo. Pues arriba estaba lloviendo. El viento soplaba violento y el grito con todas sus fuerzas. Si, el sentimiento de venganza le corría por las venas, le daba fuerza y entonces miro al cielo.

- Te voy a destruir… Oriphiel

Quería tomar el cuerpo de ese ángel y destruirlo en pedazos, pero la necesidad de encontrar a sus compañeros era mayor. Extrañaba a Malacoda…

Reviso sus pertenencias, tenía el rollo de pergamino en la caja que estaba junto a el, la tomo, lo saco y se lo metió debajo de la ropa, tiro la caja y echo a andar.

Yesung estaba acostado en la azotea de un edificio, Kyu le gustaban los lugares altos, y lo había dejado allí mientras buscaba comida. Estaba protegido, pues Kyu lo había rodeado con su sangre, y nadie podía romper la fuerza de ese hechizo, todavía. Las heridas de su pecho empezaban a cerrar, y ya no le dolían para nada. Después de ver las aves volando por un buen rato, se giro para quedar boca abajo y hacer un intento por incorporarse. Además, la luz del sol le lastimaba los ojos, y el largo cabello negro le cubrió los ojos un poco. Suspiro… era un tonto… se había enamorado perdidamente de su mejor amigo, y por eso había aceptado desde un principio salir al mundo de los humanos. Lo protegía cuando los encontraban y lo seguía a donde fuera. 

Esa cuidad era más bulliciosa que la anterior, pero al menos olía mejor. Lo único malo era que no estaba cerca del mar. Puso las manos en el suelo e hizo el intento de levantarse, pero la sangre broto de la herida tumbándolo al suelo una vez más. Le ardía demasiado, pero le recordaba viejos hábitos, cuando peleaba con ángeles casi todo el tiempo. 

- ¡quédate quieto! – escucho la voz de Kyu - ¿estás loco?
Levanto la mirada un poco, y solo alcanzo a verle los pies. Vio como se acercaba a el y entraba en el hechizo.

- Mira yo que apenas conseguí esto – le mostro un botella llena de sangre – y tu gastándola…

- Qué bueno que llegaste… me estaba aburriendo… - le paso una mano por el cabello a su amigo - ¿Dónde estamos?

- En Chicago…

- ¿Cómo llegamos hasta aquí?

- Con suerte, no pensé que Oriphiel fuera quien nos persiguiera

- Es una aferrada…

- Recibí un mensaje de Grafaicanne

- ¿Qué dice?

- Que esta con Libicocco y Scarmiglione, que está muy mal, dice que si no encuentra rápido a Hangeng, va a ir con las nereidas para que lo ayuden

- ¿con Marina?

- Si…

- Pero ella ama a Heechul…

- Si, lo sabe

El mayor abrazo a Kyu, lo rodeo con sus brazos y lo beso. El dolor de su herida comenzó a disiparse, pues la energía que tenía el más joven era muy fuerte. 

Pensó que un día, si las cosas se arreglaban, le diría todo lo que su corazón oscuro sentía por él.

Oriphiel estaba sentada en una banca del parque. Miraba pasar a los humanos y los miraba con cierto desprecio. Sabía que el malebranche estaba luchando por reunirse, y debía evitarlo antes de que sucediera, pues juntos, eran prácticamente invencibles. Y tenía que recuperar a HyukJae de las garras de malebolge…

Leeteuk llevaba de la mano al delgado RyeoWook, quien iba mirando a todos lados, como perdido. Las estrechas calles de Praga eran frías, y cuando llovía, como en esa época del año, lo eran más. Wookie arrastraba los pies, y Leeteuk sabía que tenía que ponerlo a resguardo. El joven era, por mucho, el más sensible de todos. A veces se perdía en la playa, intentando encontrar el camino de regreso a casa. Pero no la casa de la que había escapado, si no la casa de la que lo habían echado.

- Graffiacane – le dijo el mayor – por favor, mira por dónde vas

- Perdón…

- Está bien, vamos…

Nunca se hubieran imaginado que ellos estarían en ese penoso lugar, ellos eran crueles, todos ellos, eran castigadores, y habían experimentado el amor… 
Dieron vuelta en una esquina, la tarde empezaba a ponerse, y el cielo lluvioso se teñía de un color naranja con azul oscuro, el agua caía, aunque ya no con la misma precipitación de antes. Pero para el gusto de los chicos, le faltaba el olor a sal.
LeeTeuk detuvo al chico, y lo pego a la pared. Se puso delante de él, como si estuvieran abrazándose, pero miraba de reojo la calle.

- Dejas mucha luz detrás, ten cuidado – le dijo el mayor – ya llegamos, mira

LeeTeuk le señalo una puerta vieja de madera, los últimos rayos de luz la hicieron brillar con un azul hermoso, y apareció un letrero ante sus ojos.

Sybilla de Cumas


- Hechicera! – dijo RyeoWook, dando un paso hacia atrás – yo no quiero entrar

- No tenemos alternativa, hay demasiados ojos buscándonos, y así no podemos encontrarnos entre nosotros.

La puerta tembló ante la presencia de los dos. LeeTeuk llevo una mano al picaporte, pero este desapareció antes de que lo pudiera tocar. Se escucho una voz.

- MALEBRANCHE? – una mujer hablo – hijos de malebolge… un sacrificio antes de entrar…

RyeoWook miro a LeeTeuk, que estaba pendiente de la puerta.

- Te doy mi voz – respondió el mayor

DongHe cayó de rodillas cuando sintió que algo le arrancaban de la garganta, se llevo las manos a la cara y lloro. Pero se levanto y siguió andando. No se movía con su poder natural, pues no quería llamar más la atención, pero el hedor de ese individuo estaba cerca, y eso significaba que pronto tendría su venganza. O lo más que pudiera hacer el solo. Pero Kangin le había enseñado que nunca debía quedarse con el rencor dentro, o se convertiría en algo peor que un demonio… una bestia.

Yesung abrió los ojos y estaba acostado todavía en las piernas de Kyu, quien miraba las estrellas. Pero con las luces de la ciudad no se podían apreciar bien. La herida de su pecho ya había desaparecido y pudo incorporarse. 

- No te esfuerces – le dijo Kyu tomándolo del hombro – tengo alimento suficiente para ambos – le señalo su 
estomago

Eso era algo casi mortal, Yesung lo sabía bien. Kyu había comido demasiado para poder alimentar a su amigo. Sus largas manos tomaron el rostro de Yesung y lo condujeron hasta la blanca piel de su cuello. Yeye pudo aspirar la fragancia embriagadora de la sangre que allí se abría para él. Pudo ver las venas que lo llamaban a morderlas. Kyu tembló levemente cuando Yesung lo rodeo con sus brazos y hundió los dientes en su cuello.

Las manos de Kyu se acomodaron en el suelo junto a su cuerpo, cargando con el peso de ambos. Yesung se sentía con fuerzas renovadas, no solo por la sangre, sino también por poder abrazar así a su amigo. Su respiración se empezó a agitar, y Kyu lo abrazo con más fuerza, como si pudiera romperle la espalda, y de hecho podría hacerlo si quisiera. Podía sentir no solo los colmillos clavados en su piel, sino también la lengua que jugaba lamiendo cada milímetro. 

Le gusto como se sentía aquello. 

- Ya… ya detente… es… - le dijo Kyu mientras se iba al suelo

Pero Yesung no lo escucho, por fin tenía a su alcance y merced esa piel. Así como ellos se habían encargado de castigar los que caían en su malebolge, Kyu lo atormentaba.

No sabía si un demonio tenía permitido amar, pero sabía que los ángeles eran puro amor… y ellos habían sido ángeles.

- Espíritus insanos! – se escucho una voz desde lo lejos – inmorales, traidores y bebedores de sangre!

Yesung soltó a su preciado tesoro, el cual volteo enseguida al lugar de donde había venido esa voz. Se escuchaba metálica, grave, y resonaba solo en sus oídos, pues Kyu volteo a ver en los edificios cercanos y no había señal de que alguien más la escuchara.

- ¿sabes quién es? – le pregunto Kyu a Yeye

Pero Yesung tenía ya listas sus garras y con un brazo protegía a su amigo, lo que el sabia hacer bien era eso. Pelear. Junto con Kangin eran los más fuertes. 

- Mimi…

Y ante ellos se revelo un ángel hermoso, enorme y delgado, sus ojos tenían una luz purpura, que denotaba realeza, su espalda estaba adornada con 6 alas, y los miraba con curiosidad.

- Alichino… hasta que te encuentro.

DongHae abrió los ojos y se dio cuenta de que estaba colgando de una pared de piedra, no recordaba cómo había llegado hasta allí, pero tenía una gran herida en el brazo y perdia mucha sangre. Se estaba mareando y como no había conseguido suficiente alimento en los días pasados, no podía curarse el solo. 

Miro alrededor, era una pared enorme, de piedra negra, y algo viscoso escurría de ella. No quería ni investigar que era. Quería salir de allí, pero el brazo que no estaba herido estaba incrustado en la piedra, por encima de su cabeza, y eso le dificultaba el poder moverse. Escucho que algo se acercaba hacia el, miro hacia abajo y lo que vio paralizo lo que tenían por corazón.

Una enorme grieta de donde vapor y una luz amarillenta emanaban como si quisieran devorarlo, y millones de voces que hablaban el antiguo idioma. Entre esas voces y gracias a su don, pudo distinguir la voz de su amado. Y sus ojos se llenaron de esperanza.

- HyukJae!!! – grito al tiempo que intentaba en vano liberarse de esa pared.

Pero era piedra solida, piedra infernal. El solo no podría salir de allí.

- Calcabrina… - se escucho una voz femenina – Calcabrina… - donde están tus perros Calcabrina?

Era fantasmal, espectral, estaba allí pero no estaba cerca. 

- HyukJae!!!!!!!!!! – volvió a gritar, ignorando la voz

Aquello era una pesadilla, llevaba más de 40 años sin escuchar su voz, y cuando por fin la escuchaba, no podía ir hacia él. 


¡No quiero ser una bestia, no quiero ser una bestia!


Sus ojos se tornaron negros, pero justamente cuando estaba a punto de entregarse nuevamente al frenesí, una fuerte mano lo sujeto y rompió la piedra que lo sujetaba.

- Para hacer eso, primero tienes que alimentarte correctamente – le dijo la figura que lo levantaba llevándolo a un lugar más seguro.

Cuando se pudo poner de pie, lo vio, alto, fornido y lleno de confianza

- Barbariccia! – le grito y lo abrazo al cuello

- No me llames así, y menos aquí…

- ¿Donde es aquí?

- No lo recuerdas? Es el primer círculo… debemos irnos, el que te atrapo no tardara en regresar.

Siwon despertó cuando escucho el grito de Heechul, y corrió hacia su cama. Levanto la sabana y lo vio allí. Estaba con la mitad del cuerpo azul, casi congelado, y la otra mitad era pálida en extremo.

- Ayúdame… - le dijo la débil voz del mayor – ya no…

Pero Siwon no lo dejo terminar, lo levanto de la cama y aunque el contacto con esa piel le quemaba de lo fría que estaba, lo cubrió con todas las mantas que encontró y lo cargo en brazos. Salió corriendo de allí, cuando tropezó con SungMin.

- Que haces? A donde van? – pregunto el chico, corriendo tras ellos

- Tengo que llevármelo de aquí – le dijo abriendo las puertas con el poder de su mente – ven con nosotros, o ve y busca a los demás, nosotros vamos a ver a Marina.

SungMin corrió detrás de ellos, y podía ver como su amigo, estaba más que angustiado. El amor de su vida estaba agonizando. O estaban todos juntos, o tendría que renunciar a él para salvarlo.
Leeteuk llevaba de la 



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